www.miroslavaramirez.com
La belleza física no lo es todo, cuando una mujer es inteligente, la belleza sale sobrando, pero cuando se juntan ambas cosas es una extraordinaria creación.
¿Están
realmente reñidos el aspecto físico y el conocimiento? Desde
su inicio, la moda ha estado fuertemente ligada a la belleza, la
mayor parte de las veces busca contribuir a su fortalecimiento.
Es
innegable que el manejo de la belleza dentro de nuestro ámbito ha
ayudado a generar ciertos clichés que en la actualidad tienden a ser
obsoletos, como por ejemplo que “las rubias son tontas” o que
“los modelos carecen de cerebro”. Estas son atribuciones
subjetivas que debemos discernir para formarnos un punto de vista
mucho más objetivo y libre de prejuicios.
Los tópicos habituales nos dicen que conocimiento y belleza no se llevan, pero un ambicioso estudio llevado a cabo en Gran Bretaña por el Estudio Nacional de Desarrollo Infantil rompe este mito y viene a demostrarnos que la belleza y la inteligencia van aparejadas en la mayoría de los casos.
Los
resultados reflejan que en el caso de las mujeres los cocientes
intelectuales de las consideradas más bellas están 11,4 puntos por
encima de la media y en el caso de los hombres la diferencia de
cociente intelectual crece aún más, situándose en 13,6 puntos.
Es
más probable que hombres más inteligentes alcancen un mayor estatus
y si los hombres de mayor estatus tienen más probabilidades de
casarse con mujeres hermosas, entonces, dado que la inteligencia como
el atractivo físico son altamente heredables, debiera haber una
correlación positiva entre inteligencia y atractivo físico en la
generación de los niños.
Hoy
en día la belleza es casi exclusivamente un exponente de la cantidad
de horas de peluquería y salón de estética que lleva alguien
encima, de las operaciones cosméticas o del estilo de ropa.
Y
ahí, sí, claro, ahí sí que se puede aplicar casi como una
ecuación, que una persona muy cerebral y muy centrada en cuestiones
científicas, filosóficas, literarias o yo qué sé, de altísimo
nivel, va a cuidar muy poco su aspecto y no le va a importar comer
hasta la obesidad, sin tratar nunca de hacer régimen o ir al
gimnasio, ponerse lo primero que agarre del closet y jamás ir de
compras o llevar el pelo y la cara como queden.
Y
la fealdad muchas veces es sólo aparente por culpa del descuido.
Aquí estarían los famosos “freaks” a los que todo les da igual.
Otras veces, si el descuido es muy grande, también puede deberse a
problemas psicológicos de falta de autoestima o social.
Se
suele asociar inteligencia con cultura o cantidad de conocimientos y
no tiene por qué ser así. Porque una persona que se pasa su vida
amargada, en su casa, leyendo, probablemente es más tonta que la que
está divirtiéndose constantemente en los antros. Y, si no es más
tonta, ¿para qué vale ser lista? Muchas veces también se ha
identificado inteligencia con depresión. Los subnormales son muy
felices y cosas así, se suelen oír. Hay gente que se automartiriza
porque le parece inferior reírse y divertirse.
Estamos
acostumbrados a ver a las personas muy bellas utilizar su
inteligencia de formas que normalmente no se reconocen como
brillantez, pero que sí lo son. Por ejemplo, las típicas misses
que se casan con diez millonarios a lo largo de su juventud,
probablemente son más listas que nadie para lo que hacen. Son
capaces de acercarse a quienes les conviene, estar en las fiestas
oportunas, desbancar a sus rivales.
La
persona que ahora mismo juegue mejor al ajedrez muy posiblemente no
sería capaz de llegar ni a la mitad, aunque se lo propusiera y
aunque le dejaran prestado el cuerpo.