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Cuando aparece ese nódulo sospechoso o esa protuberancia persistente empezamos a sentir que algo no está bien, que hay una alarma intermitente que urge a definir una cita para hacer el chequeo médico. Ante esta sospecha empiezan a surgir ciertas sensaciones incómodas como el esperar los primeros resultados de los análisis viviendo internamente una incesante angustia o desesperación por saber y a la vez desear no saber si acaso fueran malas noticias.

En otras personas alcanzadas por la enfermedad viven mucho temor y muchas veces evitan hablar de sus angustias porque se encuentran confundidos, desorientados ante el diagnóstico de cáncer. ¿Cómo hacer frente a una enfermedad como esta?

Los que somos espectadores tenemos la tendencia de exhortar al enfermo a hablar de lo que están viviendo, pero es más común que el paciente con cáncer necesite solo alguien que escuche cuando él o ella desee hablar y no alguien que pregunte, pues cada persona reacciona de manera distinta ante la realidad de una enfermedad tan indeseable.

Esperar siempre genera incertidumbre, pero esperar en compañía de alguien aligera la tensión y es asertivo preguntar directa y sensiblemente: ¿Quieres que hablemos de esto o prefieres otro momento? También podemos acercarnos al paciente para hacerle sentir que no invadimos y que tampoco deseamos ser invasivos, en ese caso podemos decir cosas como: “Estaré aquí si me necesitas”.

Muchas veces el paciente desea aprender formas de afrontar por sí mismo sus emociones ante la noticia, pero en otras surge la expectativa de que lo acompañen y apoyen directamente, pues comienzan las preguntas de ¿por qué a mí? ¿De dónde vino?

El camino se torna difícil, a veces nada puede explicar de dónde vino la enfermedad y en la medida en que se va aprendiendo sobre ello los sentimientos van cambiando, puede que el miedo se convierta en rabia, la tristeza en depresión o la incertidumbre en estrés. Con todos esos cambios emocionales el paciente puede sentir que ya no es el mismo, que ya no es esa persona íntegra y completa, pues se siente frágil, vulnerable y hasta puede llegar a sentirse avergonzado o apenado de tener tal enfermedad y habrá que acompañarles hasta que logren adaptarse al proceso de su padecimiento.

Seguir las instrucciones médicas es parte de las alternativas para hacer frente, pero mantener una actitud positiva es definitivamente de indudable beneficio en cualquier reto de la vida y resulta ser un arma poderosa cuando se trata de combatir una enfermedad grave. Es común que la persona cuando es diagnosticada vea su vida en el filo de un abismo, pues la mente activa un proceso de peligro y por instantes empieza a ser bombardeada por pensamientos caóticos que siempre van acompañados de emociones subjetivas como la culpa, la desesperación, el enojo.

El cerebro procesa lógicamente para ponerse a salvo y se inventa la negación, la resistencia a asumir la realidad y se vuelve muchas veces incontrolable, irritable, irascible como formas de manifestar su dolor aterrizando en tristeza, colapsando irremediablemente en el decaimiento. Permitamos que nuestro ser querido transite por estas etapas de manera acompañante y veremos cómo ante una cierta distancia y empatía logramos más que pretendiendo tenerlo sonriente o muy asistido.

La psiconeuroinmunología ha demostrado que existe una relación directa entre el cuerpo, la mente y las emociones, por eso hoy te ofrezco algunos tips que pueden ayudarte desde la ciencia:

  1. Aceptar la situación es para el paciente y también para sus familiares
  2. Eviten anticiparse al futuro. Esfuércense por mantenerse en la atención al presente.
  3. No permitas que el miedo avance apoderándose de la situación, si te mantienes informado y proactivo en hacer lo indicado por los especialistas tu miedo se ahuyentará.
  4. Evita autocompadecerte, la autocompasión es una forma de agresión a ti mismo.
  5. Aléjate de las personas incómodas y rodéate de tus personas favoritas que muchas veces puede ser la familia, aunque otras más bien no.
  6. Indícale a tu cuerpo que tú tienes mucho que hacer por él.
  7. Refuerza en tu mente que tú influyes en tu proceso de aliviarte.
  8. Hacer contacto con el sentido del humor es básico; acude al teatro, ve películas que estimulen tu buen ánimo.
  9. Exprésate, escribe un diario de tu proceso y de los pasos que vas superando.
  10. Pide ayuda de un profesional psicoterapeuta para atender tus sentimientos más profundos y sensibles.

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