PARÍS, 19 ene – Los trenes se detendrán el jueves en Francia, las aulas se cerrarán y las empresas sufrirán interrupciones cuando los trabajadores vayan a la huelga en un intento de desbaratar una reforma de las pensiones que retrasaría dos años la edad de jubilación, hasta los 64 años.

La jornada nacional de huelgas y protestas es una prueba importante para el presidente Emmanuel Macron, pero también para los sindicatos.

Los sondeos de opinión muestran que los votantes franceses rechazan abrumadoramente una reforma que, según el Gobierno, es vital para garantizar que el sistema de pensiones no quiebre.

El desafío para los sindicatos, que son mucho menos poderosos en Francia de lo que solían ser, es transformar esa oposición a la reforma y la ira por la crisis del coste de la vida en una protesta social multitudinaria que dure más allá del jueves y eventualmente haga que el Gobierno diera marcha atrás.

“La inflación, las condiciones de trabajo, las pensiones… (la gente) está harta de todo esto y por eso creemos que muchos se unirán a nosotros”, dijo Simone Legendre, miembro del sindicato CFECGC, que representa a trabajadores de oficinas.

Para Macron, lo que está en juego son sus credenciales reformistas, tanto en casa como ante sus homólogos de la Unión Europea, así como el mantenimiento del gasto público bajo control.

Retrasar dos años la edad de jubilación y ampliar el periodo de cotización supondría un aumento adicional de 17.700 millones de euros (19.100 millones de dólares) en las cotizaciones anuales a las pensiones, lo que permitiría que el sistema alcanzara el punto de equilibrio en 2027, según las estimaciones del Ministerio de Trabajo. Los sindicatos sostienen que hay otras formas de garantizar la viabilidad del sistema de pensiones.

El portavoz del Gobierno, Oliver Veran, dijo que el gabinete estaba “tranquilo, decidido” ante la huelga e instó a los trabajadores a no paralizar el país.

Los sindicatos han descrito la jornada como un punto de partida, al que seguirán más huelgas y protestas.

“Lo que nadie puede saber, e incluso los sindicatos no saben, es si los franceses están lo suficientemente enfadados como para bloquear el país”, dijo el profesor de Sciences Po Bruno Palier.

La reforma aún debe pasar por el Parlamento, donde Macron ha perdido la mayoría absoluta, pero confía en que se apruebe con el apoyo de los conservadores.