Por: ENRIQUE RODRÍGUEZ MARTÍNEZ de latitudmegalopolis.com 

Me llevaría varios textos en serie describir con detalle las inconsistencias, falsedades y barbaridades de Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud, dependencia en la que Jorge Alcocer Varela es una figura decorativa desde que comenzó el sexenio hace casi tres años.

El “zar de la pandemia” hace y deshace bajo la mirada orgullosa del presidente de la República, que lo respalda incondicionalmente a pesar de que cuando comenzaba la primera ola se atrevió a declarar en el primer trimestre de 2020 que 60 mil muertes por Covid 19 en México serían un escenario catastrófico, pues su displicente manejo ya nos tiene en cifras reales que superan los 600 mil fallecimientos por esa causa, un exceso brutal de mortalidad que tiene como conclusión inexorable que nos han mentido con cinismo criminal.

En nuestro país hay un evidente subregistro de fallecimientos, miles y miles de certificados y actas de defunción han sido cuchareadas. Por un lado están las cifras gubernamentales a todas luces ficticias y, por otro, estalla la realidad de esta ola expansiva de muertes con decenas de miles que pudieron haberse evitado.

Vale la pena reflexionar que si la pandemia no fue culpa del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, entonces ¿para qué maquillar las cifras? La respuesta tiene que ver con el efecto político que provoca en la población la indignación por el mal manejo que se dio desde el principio, basado en las incongruencias documentadas de López-Gatell, a quien se le encargó una misión para la que no estaba capacitado y además ha ejercido con triunfalismo atroz, recubierto de autoelogios.

Se dijo al principio que los cubrebocas no servían, se manipularon los semáforos de la pandemia a placer, la prevención y los llamados gubernamentales para advertir a la población de la magnitud real del problema fueron tardíos, la capacidad hospitalaria colapsó y tomó a la Secretaría de Salud justo en el momento de la conversión de la desaparición del Seguro Popular a la operación el Insabi, que ha sido otro fracaso rotundo.

Además se combinó el populismo y la ideología de la llamada 4T en las decisiones que debieron ser adoptadas con las proyecciones científicas serias que dejaban ver el camino equivocado que eligió el gobierno federal en los momentos más críticos. Se etiquetó a la comunidad científica bajo el rubro de adversario, con ese delirio de persecución que caracteriza al régimen.

Cuando empezaron a distribuir las vacunas de uso de emergencia, nos quedamos rezagados con relación a otros países que fueron mucho más profesionales y previsores en la elaboración de sus planes para aplicar las dosis de forma masiva.

Se cerró la actividad económica de forma prematura, en los momentos que resultaron no ser tan críticos y después ante el colapso humanitario por el desempleo se comenzó a abrir cuando la ola de contagios fue creciente e incluso alarmante. Nos guardaron en la llovizna y nos sacaron en la granizada.

Los apoyos gubernamentales para respaldar a los sectores más vulnerables fueron pírricos o inexistentes, los efectos devastadores para miles de pequeños y medianos comercios remataron la tragedia de millones de mexicanos. Se calcularon las decisiones sanitarias con el proceso electoral intermedio para tratar de aminorar los efectos de malestar social en las urnas. En la capital el hartazgo produjo un justificado voto de castigo que prendió las alertas en Morena.

Se menospreciaron las previsiones y llamados de la Organización Mundial de la Salud, un porcentaje todavía importante del país no tiene el esquema de vacunación completo y miles de menores sanos, pero vulnerables fueron descartados para recibir sus dosis, lo que provocó la promoción de amparos para obligar a las autoridades federales a considerarlos a regañadientes en virtud de las resoluciones de los jueces.

El número de casos de la enfermedad en Europa va en incremento en este mes de noviembre, por quinta semana consecutiva a causa del inicio de la cuarta ola de la pandemia, con el factor adicional de las bajas temperaturas. Un aviso de lo que tendremos que enfrentar en las próximas semanas cuando veamos las mismas condiciones en nuestro continente. Y en este contexto, la semana pasada nuevamente el irresponsable de López-Gatell vuelve a mostrarse para autoevaluar su desempeño y afirmar ¡meta cumplida! asegurando que el 83% de la población mayor de 18 años ha sido vacunada, al menos con una dosis contra el SARS-CoV-2. Ha minimizado el desastre humanitario para generar una falsa percepción de seguridad y empuja a olvidar que seguimos en una pandemia que mata diariamente a cientos de personas que pudieron aspirar a mínimos parámetros de coherencia por parte de nuestros gobernantes.

El estar vacunado, incluso con esquema completo no exime de la posibilidad de contagiarse o morir, a pesar del hartazgo por el prolongadísimo encierro que ya marcó nuestras vidas, lo único que queda es apelar al instinto de conservación individual y familiar para tomar decisiones que eviten más pérdidas, que son vistas como daños colaterales desde la soberbia del poder.

Si desde su complaciente perspectiva la meta de vacunación ya se cumplió, entonces liberen las dosis para que haya un verdadero acceso universal que permita a la población protegerse sin restricciones.

Estamos en la primera semana de noviembre y ya llevamos un mes de retraso en la aplicación de las vacunas contra la influenza, que ya deberían estarse aplicando en el sector salud. Los laboratorios que las fabrican, como Sanofi, ya entregaron desde hace semanas su remesa para inocular a la población.

La cuarta ola de la pandemia impactará en México combinada con la época más crítica de la influenza y desafortunadamente provocará más decesos que podrían evitarse con un subsecretario menos arrogante y más sensible al dolor del prójimo.

Si 60 mil muertes por Covid-19 en cifras oficiales era una catástrofe hace año y medio, en voz del propio López-Gatell, ¿cómo podría calificarse la situación con los maquillados datos del gobierno y casi 289 mil decesos a 613 días de la detección del primer caso?

EDICTOS
“Nuestra adicción a los combustibles fósiles está llevando a la humanidad al borde del abismo, dijo con crudeza Antonio Guterres, secretario General de la ONU, en su discurso inicial ante la Cumbre de Líderes Mundiales en la COP 26 que analiza las acciones para disminuir el calentamiento global en Glasgow, Escocia. En la llamada cita por la sobrevivencia, no hay buenas cuentas que entregar por parte de México, cuya política energética se basa en sostener la quema de carbón para producir electricidad. Vamos contra la mayoría de las naciones, que impulsan energías limpias y establecen rigurosos compromisos para enfrentar el cambio climático.

Acá satanizamos la producción de energía por fuentes solares y eólicas para castigar más al medio ambiente, porque los ventiladores y los paneles son neoliberales.

López Obrador no vio importante su presencia en Glasgow, en su segundo viaje al extranjero en casi tres años, estará la próxima semana en Nueva York en la coyuntura de la presidencia temporal de México en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, allá hablará de desarrollo sustentable y corrupción, sin tener resultados positivos que ofrecer para darle autoridad moral a su discurso estancado en los años 70. Lamentablemente somos junto con Venezuela y Cuba, uno de los países más lastimados por el populismo en Latinoamérica.