La actividad agrícola coineña no ha dejado de transformarse. Su agricultura sigue apostando por la renovación y sigue adaptándose con creces a las circunstancias que han ido surgiendo en el sector alimenticio y de restauración.

Con el paso del tiempo se han producido diversos cambios de tendencia en los consumidores, que han pasado de las primeras compras en grandes superficies a un mayor consumo de productos frescos de proximidad. Y la apuesta por los negocios locales de todos los sectores se presenta fundamental para conseguir esta transformación. Esto es gracias, al esfuerzo de las mujeres y los hombres del campo quiénes son los verdaderos protagonistas de nuestros platos del día a día.

Foto: Pepe Sedeño, desde el Cortijo Benítez, Coín.

El agricultor coineño, ya no sólo está especializado en cítricos, sino que avanza considerablemente llenando nuestras mesas de excelentes producciones  frutales y hortofrutícolas. El campesino coineño sabe conseguir el mejor sabor de su agricultura.

Ese jugoso tomate, esa fantástica berenjena, ese sabroso calabacín, … así como más de 100 productos, es gracias a la cultura de la huerta, de las manos de sus agricultoras y agricultores, heredada de padres a hijos, de generación en generación, que inundan nuestras mesas y les dan el sabor al mediterráneo. La semilla es el mejor de sus secretos. Un secreto que pasa de padres a hijos continuamente a lo largo de toda la historia.

La gente de todo el mundo ya conoce no sólo su espectacular tomate Huevo de Toro, sino todo el producto que Coín elabora en su tierra. Esa tierra que es única por su calidad y por su proceso de producción al aire libre. Así es como el agricultor de la huerta coineña impulsa el sector agroalimentario. Agua, buena tierra y trabajo muy duro.

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