Después de que miles de compatriotas  hayan sido fulminados cruelmente por el Covid-19, a la generación de la transición que hemos tenido la fortuna de sobrevivir nos ha dejado la extraña sensación  de sentirnos  como una “rara avis” en una sociedad que está subvirtiendo todos los valores éticos o morales que se habían fraguado en civilizaciones milenarias  y sobre los que se construyeron los modelos de convivencia social y política del que hemos disfrutado tantos años en España.

De todos esos valores hay uno, la verdad, que siempre ha sido una referencia del pensamiento y de la filosofía  del hombre en la búsqueda constante de sí mismo. Distintas corrientes filosóficas como el dogmatismo, pragmatismo, subjetivismo, criticismo, escepticismo etc. han elaborado sus tesis y doctrinas en cuanto al conocimiento y la verdad. Lo mismo han hecho religiones como el hinduismo, el islamismo, judaísmo y naturalmente el cristianismo.

No creo que en este gobierno haya uno solo de sus miembros preocupados por este valor universal  desde el punto de vista filosófico y menos aún desde el religioso, todo lo contrario. El presidente de gobierno ha hecho de la mentira el “leitmotiv” de su actuación y acción personal de gobierno. Hacer un relato  de todas sus falsedades y contradicciones desde la moción de censura y muy especialmente desde su matrimonio con el comunismo y su representante Pablo Iglesias, sería reiterar lo que es sobradamente conocido.

En un artículo que publiqué el 18 de noviembre del 2018 y en el que planteaba algunas reflexiones sobre la relación entre libertad y verdad hacía una referencia al poeta y pensador estadounidense Emerson que afirmaba que “toda violación de la verdad no es solamente una especie de suicidio del embustero, sino una puñalada en la salud de la sociedad humana”. Como resulta fácilmente comprobable  en estos casi tres meses de pandemia, la sociedad española  ha sido gravemente apuñalada no solo por un virus  sino por  otro más perverso y dañino, como es el de las mentiras patológicas de Pedro Sánchez que han creado una corriente de desconfianza, apatía y rechazo no solo a su persona como  presidente incapaz para dirigir el rumbo de la nación española sino hacia el ejercicio  despectivo y totalitario del poder que junto al vicepresidente Iglesias, vienen ejerciendo y que han provocado el descrédito de las instituciones, pilares y fundamento de nuestro entramado constitucional y democrático.

Setenta días de confinamiento han quebrado nuestros biorritmos como seres humanos y hemos visto seriamente alterados  nuestros ciclos intelectuales, emocionales y físicos, de tal manera que nuestras mentes se han sentido agobiadas y esclavizadas por el torrente de información que diariamente recibían de los avanzados medios tecnológicos que han inundado la mayoría de nuestros hogares  sean televisiones, redes sociales, internet etc. El sufrimiento emocional de miles de familias españolas ha sido de una crudeza inusitada por el dolor de tantas muertes y padecimientos y la inamovilidad física durante estos dos meses de aislamiento nos ha afectado indefectiblemente a nivel personal y social.

La libertad es un bien preciado que solo se ha arrebatado hasta ahora a quienes por un lado conculcan la ley y son apartados de la sociedad para penar sus culpas o cuando en las guerras y confrontaciones entre pueblos y naciones los hombres se ven abocados a ver limitados sus derechos a circular libremente y en ocasiones a verse confinados para defender su propia vida. Pero es la primera vez que en este siglo, millones de ciudadanos de todo el mundo nos hemos visto obligados a refugiarnos “voluntariamente” en nuestros hogares para defendernos de un enemigo dañino y cruel que la propia naturaleza ha creado.

Presidente Sánchez, no deseamos una “nueva normalidad”, deseamos recuperar la normalidad social de la que veníamos disfrutando desde el ejercicio de nuestros derechos y libertades constitucionales sin dirigismo ni intromisión del poder político; deseamos recuperar la normalidad  política y que los poderes del Estado se sometan de nuevo a  las reglas de juego de un Estado democrático y de derecho; deseamos recuperar la normalidad institucional y el respeto a la independencia y profesionalidad de los funcionarios y servidores públicos y deseamos recuperar también nuestra economía floreciente de antaño, desde los principios de libre mercado que rigen en la Unión Europea y que son el sostén del empleo y de nuestro estado de bienestar social.

Decía Jean Monnet, uno de los padres fundadores de la Unión Europea, que “los hombres solo aceptan el cambio resignados por la necesidad y solo ven la necesidad durante la crisis”. La mayoría de los españoles necesitamos recuperar la confianza en nuestros dirigentes y en nuestras instituciones. La profunda crisis sanitaria, social y económica exige una reconsideración de un cambio de rumbo en el gobierno de España y  un cambio de esta naturaleza en una democracia, solo se puede producir con la manifestación de la voluntad de los ciudadanos en las urnas. Sr Sánchez, reflexione desde la soledad que a veces tiene la fortuna de disfrutar el ser humano y sea veraz consigo mismo aunque solo sea por una vez. Abandone las veleidades narcisistas del poder y las malas compañías políticas y permítanos que como pueblo soberano decidamos quién y cómo nos debe conducir a la verdadera reconstrucción de la vida de los españoles. Es la hora de la verdad.

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