El milagro no apareció en la Copa de la Superliga. Atlético Tucumán había ganado 3-0 en la ida y River Plate debía ganar por cuatro tantos de diferencia si quería avanzar de ronda. El equipo de Marcelo Gallardo pagó el precio del primer choque, donde fue abatido por el elenco de Ricardo Zielinski. La vuelta en el Monumental dio un giro de 180 grados. Cuando el campeón de la Libertadores está inspirado, hay pocos rivales difíciles. Con el entrenador en el banco se acostumbró a ganar la mayoría de los torneos. Sin embargo, el proyecto no se basa sólo en resultados, no digo que no sea importante, pero lo esencial pasa por el espíritu que transmite el plantel. La ovación de la afición respalda esa postura.


River Plate es un equipo que incomoda. Le faltó un gol para torcer el rumbo contra Atlético Tucumán. Pelotas en los palos, miles de oportunidades y un equipo que nunca renunció a su juego. La satisfacción de retirarse con la frente en alto.

“Ante una situación así, a uno no le queda más remedio que sentirse orgulloso de la producción de los jugadores y las formas con las que encaramos el partido. Sentí la identificación del equipo con el hincha y con la institución. Hay motivos para seguir ilusionados de cara a lo que viene. Nuestro partido fue perfecto, no hubo baches en el funcionamiento”, aseguró el DT después de la eliminación.

La banda desplegó una de sus mejores actuaciones. Asfixió a su rival, anuló a David Barbona e invadió el área decana. Hizo lo que quiso, hasta un gol de taco de Ignacio “Nacho” Fernández. La

concreción del ex Gimnasia fue una verdadera joyita. Se liberó y apareció como llanero solitario en el área. Los futbolistas jugaron con dinamismo y ganaron las divididas. En cambio, el conjunto del interior argentino salió asustado, el peso del partido lo debilitó. El dueño de América le tiró su jerarquía encima.

De todos modos, el grito visitante de Javier Toledo marcó la diferencia. El 1-2 parcial repercutió en la clasificación. Los defensores perdieron al artillero, el único reproche en la noche del martes. Laboratorio puro: tiro de esquina, asistencia de Leandro Díaz y definición del goleador. La bestia negra de la serie tuvo una participación crucial en el pasaje de Atlético a semis. En el primer choque se despachó con dos tantos, en el segundo de la cuenta personal aprovechó un regalito de Franco Armani .El arquero bajó su rendimiento y el nueve olfateó el momento del uno.

Un doblete de Lucas Pratto y un tanto de Matías Suárez le dieron suspenso a la desenlace del Monumental. El dueño de casa coqueteó con la hazaña, buscó el quinto hasta el final pero la mala suerte se lo impidió. Cabezazos en los postes de Palacio y Borre, más de 15 chances y un Cristian Lucchetti que apareció en los momentos oportunos.

El club de Núñez es un hueso duro de roer, dejarlo fuera de batalla es una osadía. En la Libertadores 2016 pasó algo similar con Independiente del Valle. Los soldados de Gallardo generaron un montón de situaciones y no pudieron torcer el 0-2 de Ecuador. Sí pudo ante Gremio en la edición 2018. Nunca hay darlo por muerto. Por supuesto que el global es de 180 minutos y River falló en el José Fierro. Eso hay que señalarlo sino el análisis es con el vaso medio lleno. El Millonario jugó mal y entregó el primer partido. Dormir la siesta a veces cuesta caro. Lo que deja este 4-1 es una sensación de tranquilidad. El próximo desafío es la Recopa Sudamericana., el 22 y 30 de mayo contra Atlético Paranaense.

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