Doctora Miroslava Ramírez

“¿Tienes 40 años? ¿Cómo le haces para estar tan conservada?” Últimamente es común escuchar frases como “fulanita tiene 45 años y parece de 30” o “los 40 son los nuevos 30” expresando que alguien parece mucho más “actual”.

Nuestra generación de cuarentonas aparenta muchísima menos edad y me refiero principalmente a aquellas que no optan por la plancha del quirófano, ni se matan en jornadas de 3 horas en el gimnasio, ni tampoco me refiero a quienes están a la vanguardia usando productos antienvejecimiento. Recién he estudiado a ese grupo de mujeres que parecen haber hecho un pacto con la eterna juventud, pues reflejan la magia aparente de no envejecer.

Esto indica que nos encontramos ante una ola positiva de “ladies” que se están abriendo al mundo del autocuidado sin bisturí. Lo que se observa en ellas es que empiezan por encargarse de manejar uno de los factores que más oxidan o envejecen sus células: las emociones. Se están disponiendo a disminuir su dependencia de otros para sentirse más felices, pues manejan mejor sus momentos de tristeza o insatisfacción y se reconcilian con su cuerpo al disminuir sus conductas irracionales o compulsivas.

El autocuidado es su principal instrumento para volver a estar a cargo de sí mismas, ellas están claras de lo que necesitan y no esperan que los maridos o los hijos adivinen lo que ocupan, ni que se hagan cargo de nutrirlas, manejan bien su autonomía y se han vuelto su prioridad sin volverse unas egoístas egocéntricas sino que gozan de compartirse con quienes aman.

Esta nueva tipología de mujeres “Matusalén” se ven revitalizadas y son menos propensas a contraer enfermedades relacionadas con la edad tales como diabetes o hipertensión debido a que están renunciando a ser las “señoras” al negarse a aceptar etiquetas limitantes sobre lo que significa ser una mujer de 40 o 50 años de edad.

Buscando explorar sus propios ideales de conocer nuevas actividades deportivas, abiertas a la moda y sumamente informadas sobre el uso de la tecnología, estas mujeres se han atrevido a equilibrar su vida de adultas con la alegría de una joven que invierte en sí misma, que diversifica su tiempo, que se relaciona con nuevas personas constantemente en la búsqueda de una actualización constante.

Hoy en día ellas no se incomodan cuando les llaman “señoras” porque están abiertas a sumar cualidades a su edad en vez de años. Al romper estereotipos, las señoras “Matusalén” están más cómodas no sólo con su piel sino más aún con ponerse nuevos desafíos que las hace entusiasmadas por un nuevo logro, consiguiendo con ello sentirse más felices y ser más cariñosas y motivadas para lograr emprender negocios con éxito debido a las buenas relaciones interpersonales que se derivan de su sensación de bienestar.

Las mujeres mayores de 40 años de hoy no se sienten viejas en lo absoluto sino que se viven más inquietas y despiertas que nunca, están cambiando la experiencia de llegar a la edad madura y hoy, lejos de haber un pánico, están invirtiendo en tratarse con más gentileza volviendo a ser su centro.

Al estar más informadas logran defenderse de los trucos de los medios de comunicación que les quieren vender el secreto de la juventud y en vez de eso se valoran a sí mismas en sus esferas como madres, profesionistas, esposas, empresarias, logrando aparecer en su propia agenda cubriendo primero sus necesidades básicas para poder entregarse a los que aman con algo que ofrecer que no sean reclamos, ni autocompasiones, ni martirizaciones.

La mujer que se preserva ya no come de prisa, se vuelve más selectiva de lo que ingiere y no acepta aquello que le disgusta, hace ejercicio y se toma tiempo para descansar sin sentir culpa por lo que merece, practica actividades placenteras y no se lleva al extremo fatigándose, no niega un dolor sino que lo atiende. El envejecimiento comienza siempre en la mente.

Tú que me lees ahora mismo, piensa rápido en las personas que más amas: tu mamá, tu hermana, tu mejor amiga: ¿dejarías a tu mejor amiga plantada en el café? ¿Le dirías a tu mejor amiga que tiene un cuerpo horrible? ¿Dejarías a tu hija sin comer porque se te olvidó o porque no te diste tiempo? Pregúntate ahora, ¿por qué sí haces o te dices eso a ti misma? ¿Acaso eres tu peor enemiga?

Es tiempo de aprender a cuidar de ti misma y darle importancia al tiempo que te dedicas a ti y a los proyectos que te interesan, es un momento para dejar de juzgarte o de tenerte bajo la mira. Es un hermoso momento para que renuncies a envejecer voluntariamente y que aprendas a decir sí a la renovación constante. ¡Sí se puede!

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