Claudia Castañeda

Redacción Tegucigalpa, Honduras —

Nasry Asfura asume la presidencia de Honduras para el período 2026–2030, en un acto marcado por la sobriedad y la austeridad intencionada, que establece desde el primer día el estilo de su gobierno.

El camino hasta la presidencia no fue sencillo. Tras unas elecciones muy disputadas, la victoria de Asfura, por el Partido Nacional, fue cuestionada y los votos tuvieron que contarse nuevamente para confirmar los resultados.
La contienda con el candidato Salvador Nasralla, del Partido Liberal, fue estrecha, generando un período de incertidumbre nacional e internacional antes de que pudiera declararse formalmente ganador.

Ceremonia austera y simbólica

La investidura se realizó en el Congreso Nacional, con un mínimo de invitados: únicamente funcionarios esenciales y diplomáticos acreditados en el país. Por decisión del presidente, no se extendieron invitaciones a mandatarios extranjeros, buscando destinar recursos públicos a prioridades urgentes.

Discurso breve y mensaje de trabajo

En su intervención, Asfura enfatizó que “debe ponerse a trabajar sin perder tiempo”,  destacando la necesidad de atender de manera concreta los problemas de la gente. Evitó confrontaciones con administraciones anteriores y transmitió un mensaje de humildad, optimismo y responsabilidad institucional.

Asimismo, dedicó unos momentos a leer una oración personal, un momento solemne que también habla de su fe, el cual fue observado con respeto por los presentes.

Primeras acciones concretas

Entre las primeras medidas de su gobierno, firmó un decreto para la venta del avión presidencial, gesto simbólico y práctico de austeridad.

Nasry Asfura Sablah
Nasry Asfura Sablah

Además, anunció la impresión de libros gratuitos para estudiantes desde primer hasta undécimo grado, subrayando la educación como prioridad inmediata.

Como comentario que invita a reflexión, el Congreso Nacional aprobó la lectura de la Biblia en las escuelas, una de las primeras iniciativas de la nueva legislatura que refuerza el debate sobre la formación integral y de calidad en el país.

Expectativa y esperanza ciudadana

Aunque durante la investidura no presentó su plan de gobierno completo, se recuerda que su proyecto “Juntos vamos a estar bien” prioriza seguridad, educación, acceso a vivienda, infraestructura y reducción del aparato estatal.

Las acciones iniciales ya sugieren que estas prioridades se implementarán con pragmatismo y eficiencia.

Para muchos hondureños, la toma de posesión representa un momento de esperanza, tras periodos de gobiernos marcados por la corrupción y la ineficiencia.

Sin embargo, la población observa con expectativa que este nuevo liderazgo se traduzca en acciones concretas que mejoren la vida de los ciudadanos, especialmente en los sectores más vulnerables.

Un inicio observado por la comunidad internacional

Honduras inicia así un nuevo período político, con desafíos estructurales profundos como inseguridad, pobreza y la necesidad de fortalecer la institucionalidad.

Las primeras decisiones del presidente muestran un enfoque pragmático, eficiente, humano y orientado al servicio de la población, marcando un estilo de gobierno que combina austeridad, acción inmediata y responsabilidad ética.