Anochece en Rafael Calzada, una localidad situada a 30 kilómetros del sur de la Ciudad de Buenos Aires. El frío intenso adorna la tarde. Sebastián Gatti, vocalista de la banda Los Sátiros, abre las puertas de su casa y nos invita a pasar.

Ya en el patio, Gatti calienta el agua, prepara el mate, una infusión típica argentina a base de yerba y agua, símbolo de amistad y empatía. Mientras sirve el primero comienza a recordar su experiencia en la histórica Bombonera. “Estar ahí es imponente, te tiemblan las `patas´. Todos vienen y quieren conocerlo”, “Mi hermano es muy fanático, por suerte logró que nos den la oportunidad” expresó.

Y es que hace pocas semanas, más precisamente el sábado 27 de julio la banda fue partícipe de un festival solidario en el estadio xeneize, con el agregado de lo que significó compartir fecha con Karamelo Santo, un grupo mendocino de Ska de reconocida trayectoria.

Pero la historia de los Sátiros se remonta a 1998 cuando se originó. “Iba al colegio con Gustavo Medina, el tocaba el bajo con otra banda y me propuso armar un proyecto. Me planteó otras ideas, hacer un estilo propio. Se incorporó mi hermano y arrancamos los tres.


“Compartir escenario con Karamelo Santo fue el broche de oro”, señaló el vocalista Sebastián Gatti, quien hace dos semanas tocó en el mítico estadio de Boca Juniors. El grupo publicó un álbum y un demo. El material musical está disponible en You tube como Sátiros Sueltos Oficial. Buscalos en Facebook y Spotify.

Después se sumó Leandro Mancuso que tocaba el teclado e Ismael Notario en la armónica”, cuenta el vocalista.

El nombre de la banda fue tomado de una canción del grupo Riff. En el año de su inauguración había un hombre que acosaba a las chicas del colegio. “La gente tiraba carteles por todos lados que decía Sátiros Sueltos. Suena raro pero en sí, el título es por el nombre del tema, no por un violador”, aclara.

Como suele suceder, el paso del tiempo hace estragos y la composición de la banda no estuvo ajena a los avatares del destino. El conjunto sufrió varios cambios y separaciones. El primero en irse fue Gustavo. En ese momento Leandro empezó a tocar el bajo y se instalaron dos caras nuevas: José Martínez en el teclado y Claudio Arregin en el saxofón.

Más adelante ingresó Carlos Malliamacce, conocido como el Turquito. “Con su entrada, tomamos un giro y sonamos distintos. Se terminó de formar nuestra identidad”, señala el cantante. La formación actual está compuesta por Sebastián Gatti en voz y guitarra, Sergio Suárez en guitarra y coros, Claudio Arregin en Saxo y coros, Rodrigo Villasante en bajo y Juan Pablo Gatti en batería y coros.

En su trayectoria lanzaron un demo y un disco de estudio. La pieza Víboras No es un clásico de los shows. El nombre fue utilizado por el padre de Ismael para referirse a las personas malas. En la actualidad preparan su nuevo EP. “Estamos por grabar los coros. El siguiente paso es la mezcla, la edición y la mastering, de esa manera ya estaría terminado. Todavía no tenemos un título en mente, estamos concentrados en concretar los temas y hacer un clip más guionado y producido”, detalla.

La grabación se lleva a cabo el estudio Mad de Burzaco y el productor Maximiliano Duarte está a cargo de la mezcla y edición. “El disco anterior fue diferente a nivel grabación, no lo disfrutamos tanto porque debimos terminarlo lo antes posible. Hacemos este trabajo con la cabeza más fría, no sufrimos tanto por el tiempo. En cambio, el primer demo fue más un experimento, prueba y error”, se sincera con la mayor cuota de humildad.

El vocalista mejora el mate, cambia la yerba y continúa el relato del debut en los escenarios. “La primera vez fue en San Telmo, el lugar se llama Tabaco y es un sótano. En su momento era un espacio muy emblemático”, sostiene y asegura “Crecimos en lo musical y humano, en cómo encarar esto de ser músico que conlleva tiempo, esfuerzo, sacrificios y frustraciones en el medio. Son un montón de cosas que nos ayudan a crecer. Ya logramos lo que quisimos, solamente nos falta ganar plata. Hacemos todo a pulmón, todo lo que se graba es resultado de lo recaudado”.

Los seguidores formaron una familia y comparten una misma pasión. Es la magia ritual de cada gira rockera. “Nunca imaginé que lleguen a hacer banderas, se organicen y lleven globos. Hay pasión y amor por la banda. Es una sensación impagable”, admite. El conjunto también se dio el lujo de tocar en el emblemático Mitos Argentinos, un bar situado en el sur Bonaerense. “Cuando tocamos ahí nos vio un productor, a la semana me llamó por teléfono

y me invitó a la Trastienda para hacer una presentación con alfombra roja y prensa. No lo podía creer, estuvimos en el momento indicado”, confiesa.

Cada integrante tiene su propia influencia, básicamente es el rock & roll, Sin embargo, buscan traspasar fronteras y experimentar con otros estilos de música. “Una vez nos definieron como rock gitano y así quedamos catalogados”, resalta y subraya “Me gusta Pappo, Charly García, Luis Alberto Spinetta y Manal. Mis padres siempre escucharon rock, tengo vinilos de recuerdo. Empecé a tocar guitarra a los 10 años. Incluso me llevaban a ver bandas”.

La mayoría de los miembros son oriundos de Rafael Calzada. El Arco de Bienvenida, el Club y el Ateneo Parroquial son símbolos de esa Ciudad. “En Argentina cada persona ama al barrio donde vivió. La gente traslada su sentido de pertenencia a todos lados” afirma y destaca “Tenemos una excelente relación con todos los colegas. Se está gestando en zona sur un movimiento de grupos muy copado, antes no lo viví. En Tío Bizarro y El Amparo tocaron conjuntos gigantes”. Sátiros Sueltos pisa fuerte con 21 años de trayectoria buscan consolidarse nacionalmente y para eso le dedican a la música horas de esfuerzo.

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