La última y acertada propuesta del presidente Moreno, que pasa por la limitación de mandatos para altos cargos, no viene sino a certificar que el viraje en el gobierno de la Junta está siendo tan atinado como consistente, tan compacto y rocoso en el fondo como ponderado y medido en las formas.

Pasar de las musas al teatro en términos de renovación ética y de regeneración democrática significa actuar constantemente y predicar lo justo. Y es exactamente lo que el jefe del ejecutivo andaluz viene aplicando, sin prisa pero sin pausa, sin alharacas ni aspavientos pero con paso firme e irreversible. Quizá era la única manera de encarar el desmontaje de un régimen que tantos disgustos había traído durante tres larguísimas décadas.

Los cien primeros días de Juanma han servido, es verdad, para abordar cuestiones delicadas, como la reordenación de ciertas políticas del ámbito social y sanitario, o el impulso de auditorías internas. Desde luego no está resultando fácil, porque la tarea es compleja, vidriosa y titánica: normalizar situaciones heredadas cargadas de veneno que eran en algunos casos anómalas y en otros un puro desastre. Pero el rumbo está marcado y el ritmo no para.

Andalucía hace muchos años que debería haberse convertido en la California de Europa, por motivos sobrados y obvios, y es más que probable que en un par de legislaturas de gobiernos centristas, con estabilidad política, pudiera conseguirlo: en términos de creación de riqueza, de transformarse en imán para grandes y apasionantes proyectos tecnológicos, para inversiones empresariales relevantes y rupturistas… y, sin duda, trazando un nuevo plan para apuntalar un turismo fabulosamente segmentado, variado, complementario, que llega a colmar plenamente las expectativas de las clases medias pero también de las grandes fortunas del mundo.

El cambio tranquilo de Moreno está sirviendo para lavar la cara de las unas instituciones gastadas y heridas cuyos viejos dirigentes, en parte, o salieron rebotados por los escándalos más variopintos o, peor, fueron empujados a los tribunales por los más abrasadores casos de corrupción. El estilo de este líder templado, lejos de pasar por el bulldozer, se asemeja más a la vieja y eficaz mecánica del ‘pico y pala’, y está empezando a rendir sus primeros frutos. La sensación es que apenas serán los primeros de una larga serie de cosechas.

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