El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, ha mantenido esta tarde un encuentro con el Embajador de la República Dominicana en España, Juan Bolívar Díaz Santana, que visita Málaga estos días con el fin de mantener reuniones con colectivos dominicanos en la provincia. Al encuentro también han asistido el director del Observatorio de la Liga Municipal Dominicana, César Pérez, y la concejala delegada de Participación Ciudadana, Migración, Acción Exterior, Cooperación al Desarrollo, Transparencia y Buen Gobierno, Ruth Sarabia.
Tour del Talento con los Reyes de España
Los Reyes de España han inaugurado hoy en la Diputación de Málaga el Tour del Talento que se desarrollará hasta el próximo 10 de marzo. Se trata de un nuevo movimiento por y para el futuro de los jóvenes en España impulsado por la Fundación Princesa de Girona y Trivu.
Los Reyes han sido recibidos por el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno; el presidente de la Diputación de Málaga, Francisco Salado; y el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, entre otros.
Sus Majestades han recorrido diferentes talleres y actividades en las instalaciones de La Térmica y han asistido al acto de inauguración, que se ha desarrollado en el Auditorio Edgar Neville de la Diputación.
«Guerra y Paz»
Quien nos iba a decir que en este primer cuarto de siglo, la humanidad se iba a a ver zarandeada por dos guerras de distinto signo, pero con un efecto igualmente devastador. La primera de ellas se inició hace ya más de dos años con un ataque sorpresa en todos los rincones del mundo. Un virus de origen desconocido, Coronavirus, se expandió desde China hacia todos los continentes dejando casi seis millones de muertos.
Cuando aún estamos en período de reconstrucción social y económica después de la pandemia, otra guerra en el este de Europa desata un nuevo escenario de pánico en el mundo. Un estalinista, Vladimir Putin, presidente-zarista de todas las Rusias, se descuelga invadiendo y masacrando a golpe de misiles y cañonazos a un país soberano y limítrofe, Ucrania, como si fuera la reproducción de una de las batallas que León Tolstoi relata en su famosa novela “Guerra y Paz”.
Pero esta nueva guerra no se ha fraguado hoy en la mente de Putin, sino que es fruto de dos acontecimientos que vienen sucediendo en el mundo: la gran crisis económica del 2008 y el expansionismo geoestratégico que Rusia inició hace ocho años. EEUU y Europa quedaron seriamente debilitados en su supremacía económica y el “eje liberal de Occidente se rompió”, como acertadamente afirma Mira Milosevich, profesora y experta del Real Instituto Elcano.
Desde entonces dos grandes potencias como China y Rusia, pretenden implantar “un nuevo orden multipolar” aprovechando el vacío de poder que tanto en la economía como en la defensa de los valores morales y universales han venido salvaguardando las democracias liberales de Occidente y que hoy están seriamente cuestionados por las ideologías populistas y progresistas.
Europa “se ha despertado pero tarde” según la acertada opinión de la profesora y su reacción ante la defensa militar de sus fronteras conjuntamente con la OTAN, demuestra la urgencia de un replanteamiento de sus políticas comunes de seguridad y defensa frente a las amenazas, incluso nucleares, de un autócrata que como Putin está dispuesto a sacrificar a su pueblo con el objeto de implantar por la fuerza su hegemonía más allá de sus propios límites territoriales.
En el Museo Ruso de Málaga todavía se puede disfrutar de una exposición temporal, “Guerra y Paz”, que nos traslada al pasado zarista del pueblo ruso. Al margen del debate que este museo ha suscitado en la opinión pública malagueña, miles de ucranianos y rusos conviven en paz y libertad, como en muchas pueblos y ciudades de España. Resguardar estos valores entre ellos nos llevará, en unión solidaria con los soldados ucranianos, al éxito final de esta nueva guerra.
Como señalaban en una conversación dos de los personajes de la afamada novela de León Tolstoi: “ El éxito de una batalla no ha dependido ni dependerá nunca de las posiciones, del armamento, del número; Entonces, ¿de qué? – del sentimiento que hay en mí, en él y en cualquier soldado”. El sentimiento de dolor y de fe en la victoria no le falta hoy al masacrado pueblo ucraniano.
la Fiesta de Andalucía
El alma andaluza es como el Mediterráneo que une continentes, culturas y deseos de navegar juntos.
Desde hace 42 años Andalucía celebra oficialmente el día en el que los hombres y mujeres andaluces decidieron en un referéndum que sus intereses pudieran ser gestionados y administrados desde el corazón de su propia tierra, de ese corazón del que fluye la pasión, la sabiduría y la vitalidad que los pueblos fenicios, griegos, romanos, árabes o judíos han infundido durante siglos a quienes hoy somos sus herederos por nacimiento o adopción.
Como melillense siempre he sentido desde la otra orilla del Mare Nostrum la brisa caliente del terral malagueño y el sabor del salitre andaluz. Arribar a puerto en el «melillero» en los años de mi adolescencia, para disfrutar de unos inolvidables meses veraniegos en Yunquera al pie de los pinsapares del hoy declarado Parque Nacional de la Sierra de las Nieves, me dejó un indeleble lazo de relación personal y afectiva con la que hoy es mi tierra de acogida.
Si a lo largo de estos años la España autonómica tiene un espejo donde mirarse, ése es el de Andalucía. En los tiempos convulsos en los que vivimos Andalucía no entiende de separatismos, de odios racistas, o de fronteras de lenguas. El alma andaluza es como el Mediterráneo que une continentes, culturas y deseos de navegar juntos hacia un mismo puerto, sorteando temporales como los de la pandemia, el desempleo o la dura crisis económica con espíritu de solidaridad, innovación y fortaleza frente a la adversidad.
La transformación de Andalucía y la de Málaga en concreto, en este primer cuarto del siglo XXI ha sido imparable. La moderna red de comunicaciones terrestres, marítimas y aéreas nos conectan con cualquier rincón de España y del mundo. La revolución urbana emprendida por el alcalde de Málaga junto al atractivo museístico y cultural de la capital malagueña, han propiciado un crecimiento turístico nacional e internacional de grandes proporciones. Si a esto le añadimos la ambiciosa proyección de convertir Málaga y por extensión Andalucía, en un polo de atracción de las nuevas tecnologías, no estará lejos el día de su consagración como capital europea de la innovación y de la cultura mediterránea.
Esta Andalucía filósofa, literaria, cantaora pero que también suda en sus tierras y cortijos; llora a sus hombres en la mar; reza a sus Vírgenes; pasea a su Cristo entre puentes y callejones o se recrea entre los suaves olores de azahar y jazmines, sufre hoy también en su día de fiesta, con el dolor de una guerra injusta y cruel en suelo europeo.
La universidad significa: Viajar al centro de la persona
Por: Roberto García Ortega.
- Coordinador de la Universidad Vasco de Quiroga en Querétaro, México.
Estudiar y ser parte de una universidad significa que no basta con ver la realidad y conocer sus problemas; la universidad, por su naturaleza comunitaria, crítica, científica, integradora, transdisciplinaria, nos implica e invita inmediatamente a actuar en ella: movernos, profundizar, ir más allá de la apariencia, de lo que se ve, de lo que nos insinúan, de lo que nos dicen los demás acerca de aquello que debemos pensar, decir y actuar.
La Universidad, cualquiera que sea esta, pública o privada, no puede reducirse a ser solamente un “medio eficaz”, es decir, para los que pertenecemos y colaboramos en ella -sea como profesores, estudiantes, administrativos, padres y madres de familia- que su naturaleza y quehacer sustancial sea únicamente el de “entrenar” y “mentalizar” a sus integrantes para conseguir “el éxito”, “el mejor trabajo”, “el mejor puesto”, a través de la carrera más popular, con mayor demanda, incluso, en la mayoría de la ocasiones, la más costosa.
Esta lógica, asocia e incuba –ingenuamente- un comportamiento pragmático y pobre acerca de la educación universitaria, resumida así: “entre más conocimientos y estatus se adquieren en la universidad, mayor éxito económico se logrará alcanzar”, para terminar insertos como “un engrane industrial” muy adecuado y con-formado para la lógica de la oferta y la demanda; seres humanos altamente productivos y rentables en el mercado como una “mercancía” que ofrece lo que sabe y los títulos obtenidos al mejor postor. ¡Nada más cercano a nuestra realidad actual! debilitando lo que somos, personas con valores, convicciones, con sensibilidad humana e intelectual, con compromiso social y cultural amplios. ¡Qué paradójico! la universidad -apreciada desde este enfoque- termina por empobrecer y reducir a la persona, el principal factor que la constituye y para el cual se debe.
En este orden de ideas, te propongo mover el eje y rotar hacia otra perspectiva y otra posición: la nota constitutiva y principal de la universidad es educar y formar a la persona humana de manera integral. Entonces se vuelve necesario tomar distancia de esa visión “eficientista e intelectualista”, consecuencia de haber obtenido un grado académico, no para ser más y mejor persona, sino para “dar buenos resultados” en una compañía, fábrica, negocio; para producir y generar mucho dinero, tener muchas casas, carros, cuentas bancarias, etc., – y que no está mal tenerlos y lograr grandes aportes económicos a nuestra vida-, pero aquí no estamos evaluando esta dimensión de la vida, sino de la vocación esencial que tiene la Universidad con las personas que la integran.
En este último sentido, la universidad nace y está al servicio del ser humano, para formarlo y educarlo, primero como una persona, dentro de una perspectiva que integre todas sus dimensiones y sistemas. La universidad que, a través de su despliegue, saca lo mejor de cada persona, no como un producto que está a la venta, para buscar en el mercado a quiénes pagan más por ella, sino como una forma concreta del bien común.
Urge, pues, querido lector, dar un giro antropológico, ético y epistemológico en la concepción de la universidad y de la educación, ese que origina un cambio de actitud y de mentalidad. Una nueva ruta de vida que nos descoloque de nuestra posición actual para ubicarnos en el plano de la vida auténtica, esto es, en el punto adecuado para tomar la decisión de dejar atrás la simulación, la apariencia y las poses, de creernos “buenos” porque tenemos un título académico o un posgrado, porque no matamos, no secuestramos, no criticamos, no tenemos malos pensamientos…
La universidad asume el ser persona como un “alguien” y no un “algo”, no una “cosa”; significa que al ser “alguien” la persona no se tiene a sí misma, sino que se “es”, siempre estableciendo un diálogo de ser y no de tener. Ese “alguien” entonces es un “bien en sí mismo” y también un “bien” para con otro “alguien” que no es objeto ni mercancía de intercambio, sino un “bien” en y de “alteridad”, con una significativa vocación de relacionamiento con todo lo que existe en la realidad, un bien con vocación comunitaria.
Esto implica viajar al centro de la persona humana. Realizar un viaje y movernos de un lugar a otro, que nos exige resolver cuestiones que resultan fundamentales: saber hacia dónde voy, con qué objetivo lo hago, para qué lo hago, con qué lo haré, con quién lo haré.
Imagina por un momento iniciar un viaje hacia tu interior, hacia el centro de tu persona. Imagina que la universidad es la ruta, el mapa y el recurso necesitas para iniciar tan grande empresa, hacia ti, a mí, a los “otros”, al “nosotros”. Entonces México, nuestro querido país, sería un lugar menos violento, menos pobre y marginado, menos injusto y menos desigual.





