Por: ARMANDO RÍOS RUIZ, latitudmegalopolis.com

i para algo ha resultado magnífico el Presidente López, es para dar cada día sólo malas noticias disfrazadas para hacer creer a sus cotidianamente “pobres” engañados, que todo lo que hace es para favorecerlos o para combatir a los que tienen dinero, deporte que se ha convertido en el favorito de unos y otros (del mandatario y de sus seguidores).

El pleito a los que con mucho esfuerzo unos, por heredar otros, por mera suerte o por lo que sea, han logrado salir de la pobreza, se ha convertido en una práctica que mantiene contentos a los que no tienen, pero se muestran felices de recibir dádivas bimestrales del gobierno. Esta actitud da en el mero centro de sus resentimientos; los aviva y los hace concebir aliento, no para merecer, sino porque de esa forma se sienten vengados, aunque sólo ellos sean culpables de sus desgracias.

No son capaces de concebir que esa dádiva es sólo para tener siempre su aprobación. Desde que tengo uso de razón he escuchado decir: “a mí, el gobierno no me da nada”. Es decir, siempre ha existido la esperanza de que alguien de fuera los mantenga sin hacer el mínimo esfuerzo. Ese momento llegó por fin y es la clave para que quien reparte haga lo que desea, inclusive convertirse en el dictador, apoyado incondicionalmente por los que reciben.

Hoy, el que aspira a prolongar su mandato por tener comiendo de su mano a infinidad de mexicanos, se ha adelantado y cuando menos se espera, lanza por ahí alguna iniciativa para que el Congreso obediente se la apruebe sin cambiarle una coma, que por regla general atenta contra sus gobernados. Principalmente contra los que, como dijimos arriba, con su esfuerzo han logrado remontar los embates de la miseria.

La ambigua reforma eléctrica es una de esas concepciones que, entre otras cosas, quiere uniformar los pagos del recibo de luz, porque los paneles solares los han abaratado. Eso no puede ser. El negocio para el gobierno debe ser al revés. El chiste es que la gente se despoje de miles de pesos cada mes, en lugar de cientos y en incontables casos, de menos de cien pesos al mes.

Cuando se cambiaron los medidores domiciliarios, se afirmó que servirían para aligerar los pagos. Se trató de sólo una mentira más, de las casi cien que el mismo Presidente expresa todos los días en sus conferencias. Los recibos de luz comenzaron llegar cargados de veneno. Pero en las colonias denominadas “triple A”, los cobros se incrementaron de manera escandalosa, a muchos miles de pesos, por la única razón de que en ellas viven personas adineradas.

Muchos optaron por instalar paneles en sus techos, que provocan un descenso considerable en el gasto de energía. Pero con la famosa reforma eléctrica se abre la amenaza de desconocerlos. Esto es sólo en lo que se refiere al gasto domiciliario. Los empresarios también optaron por el mismo sistema y ahora están amenazados con irse al diablo con sus pagos menores. La reforma plantea que esos dispositivos sean anticonstitucionales.

¿Se acuerdan de la promesa de campaña de bajar el precio de las gasolinas? Con el argumento de que no son aumentos, sino ajustes, un litro ya se vende arriba de los 20 pesos y aún a más, de acuerdo con cada establecimiento. Quienes no tienen automóvil suelen esgrimir esa condición, para justificarle a su mandatario las falacias cotidianas: “al fin que yo no tengo carro”.

Por otro lado, la empresa General Motors acaba de amenazar con dejar de invertir en México, en donde emplea a más de 200 mil mexicanos, si el gobierno lleva a efecto su amenaza de imponer las energías sucias que tanto le urgen. Los dólares que destinaría para nuestro país irán a parar a Estados Unidos, a China, a Canadá, a Brasil o a países europeos, sentenció.

El Presidente es capaz de decir que no le importa. Que puede largarse a donde quiera. Como lo dijo de las instituciones. Pero el caso es que traerá consecuencias graves. Otras empresas podrían tomar la misma decisión.

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