David Pérez Anaine – Periodista UMaza

@davidp2190

Por el año 2013, en pleno auge de los diarios digitales, se comenzaba a debatir en las aulas de las facultades de periodismo de todo el país si verdaderamente estábamos frente al fin del diario impreso. Los profesores más conservadores intentaban explicarles a los futuros comunicadores –unos verdaderos nativos tecnológicos- que todavía era necesario saber distinguir entre un periódico de formato sábana y uno tabloide, y que los avances del diario digital nunca iban a poder reemplazar la sensación del papel en los dedos o al aroma de la tinta fresca mezclada con el café de la mañana. Sin embargo, en la actualidad, las suscripciones del diario impreso están en sus picos más bajos y los multimedios están apostando a concentrar esfuerzos en la producción de contenidos para sus plataformas online, descartando de lleno la idea de que diario papel y diario online pudieran seguir conviviendo juntos durante mucho tiempo más. El papel ya dejó de ser negocio.

Así como el periodismo y la forma de hacer periodismo cambiaron de forma tan radical en los últimos 20 años, estos nuevos paradigmas influyeron, irremediablemente, en nuestra forma de consumir la literatura y textos académicos. Nuestros métodos de lectura cambiaron y por ende, nuestra forma de estudiar y abordar los libros. A pesar de que puede considerarse mucho más práctico seguir los contenidos de clase de una cátedra a través de la pantalla de un celular, notebook o tablet, siempre habrá un nostálgico como quien suscribe estas líneas que correrá al centro de impresión más cercano para poder contar con el material de forma física y no tener que exponer sus ojos a una sesión de tortura patrocinada por la luz azul.

Fuente: Javier Tourón (https://www.javiertouron.es/la-tecnologia-y-la-educacion-entre-lo/)

Este nuevo paradigma seguirá su curso natural hasta llegar a una etapa donde la educación, en todos sus niveles, estará regida por el uso completo de elementos y herramientas tecnológicas que habrán sido creadas con fines estrictamente educativos. La tarea docente también sufrirá mutaciones y de a poco irá perdiendo el prestigio y la importancia que esta representa como parte de la vida institucional y ante los ojos de la sociedad. Sí, la docencia seguirá perdiendo prestigio. Sin ir más lejos, las universidades con modalidad a distancia ya han optado por implementar clases grabadas por los profesores, que son transmitidas mediante un televisor durante las pocas horas presenciales que los alumnos deben cumplir. La educación está yendo en esa dirección y los cambios son tan inevitables que, proyectados a corto plazo, no podremos analizar los conceptos de hipermedia y aprendizaje de forma separada. Y esto es solo el principio…

No se debe descuidar que estos avances están acompañados de nuevos desafíos a niveles educacionales y tecnológicos. Para que la idea de un aprendizaje hipermedia pueda seguir potenciándose más, necesita de un sistema que sea capaz de contenerla y explotarla correctamente. Se trata de un proceso que va mucho más allá conectar un proyector a un ordenador para urdir una imagen contra una pantalla; esto corresponde a un desarrollo científico, que debe ir de la mano con los procesos de enseñanza y que tiene que respetar los tiempos de adaptación que exige el ámbito educativo.

Nadie puede calcular la magnitud de los cambios que no esperan ni puede realizar juicios de valor apresurados sobre el éxito o el fracaso de los mismos. Los representantes de la vieja escuela seguirán sosteniendo y defendiendo la idea de que ninguna propuesta podrá reemplazar, en esencia, las satisfacciones y resultados que dio –desde la creación de la imprenta hasta hoy- la lectura de un libro de papel. Quien firma estas palabras estará expectante por todos estos avances, pero juzgará en base a los resultados.

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