Florencia González 

En los cementos que  pertenecen al norte de Buenos Aires, particularmente al distrito de San Fernando existió una vez un “simil Trump”. Fue hace diez años.
Corría el año 2009, para que recuerden es el año en el cual se creó la moneda Bitcoin y en el que Barack Obama asumía la presidencia de Estados Unidos con todo lo que eso significaba. En Argentina, fue el año en el que murió el padre de la democracia, Raúl Alfonsín y entre otras cosas, el año en que el país sufrió la mayor epidemia de dengue de la historia.

El alcalde/intendente en ese entonces de este municipio en el cual vivo, – y desde donde escribo –   era Osvaldo Amieiro. Menos mal que podemos decir: “era”. Cuando hablamos de límites geográficos, no necesariamente hace falta dibujar las divisiones o peor, construírlas.
El rey de San Isidro, Gustavo Posse no asimiló/toleró la idea de  que vecinos “cool” se mezclen con lo que para él significaba  “la gentuza”, “los negros”. Gustavo “Tump”, digo Posse ordenó la construcción de un muro sobre la Avenida Uruguay, la que separa ambas ciudades. ¿Para qué? Con el claro objetivo de que los villeros  (México) no pasemos hacía su morada ( Estados Unidos)  llamada “La Horqueta”. Sí, para los fanáticos MUY fanáticos de Boca Juniors, es en ese barrio sanisidrense donde Carlos Tévez tenía una casa que fue asaltada mientras el jugador se casaba en Carmelo, Uruguay. Eso  es otro cantar. Lo importante acá es que hace diez años la discriminación la sentimos en la piel. Yo no había podido hacer mucho.

Los  barrios humildes de la zona (en ese entonces en peor estado) solían carecer de abundante luz por las noches, también de cámaras y de control policial. Existe  un prejuicio latente de que el villero es malo y roba. De que el pobre no puede hacer más que eso.
Por eso una vez edificado el muro, los únicos que podían acceder del otro lado de aquella pared a la mitad  eran las empleadas domésticas o los gariteros (vigiladores).
 Apenas recuerdo que iba a la escuela (que queda enfrente de casa) y que mamá vino a contarme que había canales y periodistas en el barrio. Algo poco común en una época donde las redes sociales comenzaban a popularizarse. Tenía doce años. Pero la furia de los vecinos rompió el prejuicio hacía ellos mismos: los negros acá hicieron historia.
Vaya a saber uno si Donald Trump le mandó mail a Posse o lo llamó, para preguntarle si la idea de la frontera  estaba patentada.


Villa Jardín se hizo “famoso” por ese hecho insólito comandado por el “Simil Trump”, pero que a los pocos días ya estaba derrumbado. Porque aunque suene trillado: “la unión hace a la fuerza” y los vecinos se agruparon, se autoconvocaron y rompieron una barrera literal. Aquel muro que los dividía, pero que más,  los aislaba. Lo tiraron abajo junto a todo el rechazo proveniente de la clase media Possesiana.